Mia tuvo desde que nació una vida poco convencional para cualquier niño,con constantes resfriados que en ocasiones derivaban en neumonía, dificultades respiratorias que le impedían jugar con normalidad y la obligaban a tomar medicamentos contra el asma.
Estuvo ingresada unas 10 veces antes de que le diagnosticaran una malformación en la aorta que requería una operación para que su corazón pudiera funcionar con normalidad.
Los cirujanos del Nicklaus Children's Hospital de Miami, donde Mia estaba siendo tratada, le dijeron a la familia que era una intervención complicada, pero que tenían un nuevo aliado: una impresora 3D.
Aunque se cree que en el futuro esta tecnología podría servir para 'fabricar' órganos o tejidos, de momento lo que se consigue con ella es una réplica exacta en este caso del corazón de Mia, para que el cirujano en el momento de la operación pueda saber exactamente cómo manejarse.
De esta forma, el doctor Redmond Burke, director de cirugía pediátrica cardiovascular en el Nicklaus Children's Hospital,observó el modelo del corazón de Mia durante dos semanas, recabó otras opiniones de colegas y halló la mejor forma de arreglar la malformación de Mia.
Aunque pueda parecer raro, decidió hacer la incisión en el lado derecho del pecho de la niña y no en el izquierdo, porque era en en esa zona donde tenía que intervenir, con lo que logró que la cirugía fuera menos invasiva y más breve, y la recuperación de Mia, más rápida.
En este hospital ya han hecho lo mismo con 25 pacientes jóvenes con excelentes resultados. En EEUU, 75 hospitales cuentan con esta tecnología y hay 200 en todo el mundo.
Han pasado solo cuatro meses desde que Mia pasó por el quirófano y la niña ha dejado atrás su pesadilla. No tuvo mucho dolor postoperatorio y apenas se ha resfriado. La madre de la pequeña asegura que un mes después de la operación, Mia pudo incluso participar en la función del colegio.
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